Las mamás también lloramos, aunque muchas veces parece que tengamos que escondernos u ocultarnos para no mostrar debilidad. Y ni mucho menos, somos súper mamás no rocas. Llorar hace que descargues y sigas con más fuerza, y muchas veces es necesario. El tragar y “pa’ lante” no es la solución.

Cuantas veces os habéis encontrado en esa situación de estar al límite, en la que te sientes desbordada por no llegar a todo, el querer y sobretodo el pensar que debemos llegar a todo, sino nos autocastigamos y la acompañamos con la frustración.

Pues a mí muchas, reconozco que soy demasiado exigente conmigo misma, y me siento capaz de llegar a todo, pero sentirme capaz no significa que sea capaz.  Y eso hace que muchas veces explote, por cansancio, por ver que todo no sale como quiero, por tener que llegar yo a todo, porque los niños se peleen continuamente, porque ahora no quieren comer… lo vamos mezclando todo y  “boom”. Aquí la súper mamá explota, y los lagrimones  no pueden parar de caer.

Y no, no me escondo, ni de mis hijos  para desahogarme, porque para ellos también  es bueno que vean que no solo lloran los niños, que los mayores también lloramos, porque es algo natural, y porque después de llorar estamos mejor.

El otro día después de una semana de locos, y de tener a mis hijos como cabras locas descontroladas, no puede más. Mr M me preguntaba qué porque lloraba, que se portaría bien ahora que no pegaría más a su hermano y se acercó preocupándose por su madre, y Mr A mi chiquitín se acercó a darme un abrazo. Y me preguntaron que me pasaba…

Les conté que mamá estaba cansada y un poco enfadada porque no paraban de pegare y eso hacía que me pusiera un poco triste, pero que ahora al llorar y ellos escucharme estaba mucho mejor. Mr M me miró, y me dijo que a él muchas veces también le pasaba y que a él un abrazo le hacía sentir mejor, si yo quería uno.  Imagino que sabréis la respuesta, ¿No? Jijjijiji

Ellos necesitan ver esas situaciones normales incluso aprenden la empatía por el de al lado, y eso como madre me reconforta. Les ayuda  a que cuando estén mal lo expresen y no se vean como el débil.

Lo mejor no sería llegar hasta el punto de explotar y llorar, lo mejor sería poder canalizarlo y ver cuando es necesario que paremos, porque cuando llegamos a la lágrima lo primero que tenemos que pensar es en “¡alto! Algo está pasando” ver que es e intentar cambiarlo. Con nuestro rato para nosotras, con salir, desconectar… algo.

Yo no soy una súper madre, yo soy la súper madre para ellos. Igual que cada una de las madres que estáis leyendo esto, sois las súper madres para vuestros hijos, y ellos no querrían a otra.

¿A vosotras también os pasa?