Algo que caracteriza la maternidad es la enorme cantidad de emociones que esta evoca, y una de ellas es ese horrible sentimiento de culpa que nos hace cuestionar el tipo de madre que somos.

Sé que soy una buena madre, intento hacer lo mejor para mis hijos pero eso no es suficiente para mí, no es suficiente porque siempre hay algo, algo en lo que fallas, algo en lo que se te ha pasado por alto, algo que no termina de funcionar y la voz termina por descontrolarse y llevarte  a ese límite, ese límite que no quieres pasar, pero sale igualmente en forma de grito, y después te arrepientes, sabes que no es la solución pero que en ese momento no puedes más y sale así.

Ese sentimiento de culpa en la que en un descuido tonto tú hijo se rompe el brazo, sabes que saltar desde ahí no es buena idea, que se puede caer, y tú instinto de madre te dice déjalo que tiene que experimentar tiene que caerse para levantarse… pero luego se cae y su dolor se convierte en tú dolor, y tú no puedes hacer nada, solo sentirte culpable.

Ese sentimiento que aflora en el momento que dices que necesitas tiempo para ti, necesitas sentirte mujer también y dedicarte un ratito a ti. Un baño, una salida de chicas… cualquier cosa. Pero aflora el sentimiento de culpa, el que te hace cuestionar, ¿Seré buena madre cuando quiero apartarlos?

Muchas veces ese sentimiento nos limita y nos frena, haciendo que nuble lo bonito de la maternidad haciéndola en ocasiones dolorosa. Dolorosa porque es una culpa que se lleva en soledad, porque nos avergüenza contarlo, porque en ocasiones carecemos de apoyo y preferimos callárnoslo. Y realmente el poder explicar, sacar ese sentimiento de dentro hará que esa culpa sea menos culpa, que nos sintamos comprendidas incluso explicarlo hará que el punto de vista de otras personas nos haga esclarecer cosas, como que no estás sola, y que es algo más común de lo que creemos. Y que es bueno que nos demos cuenta que somos imperfectas, maravillosas, limitadas y genuinamente humanas.

La culpa es mala consejera, una indeseable compañera de viaje. Ninguna decisión cuyo origen sea la culpa y cuyo destino sea dejar de sentirme culpable, será acertada.

¿A ti también te aflora ese sentimiento de culpa?