Muchos papás estamos ansiosos por saber el sexo de nuestro futuro bebé, simplemente porque en ese instante que te dicen que es uno ya lo ves como más real, se lo imagina con un nombre o simplemente se refiere al bebé como él o ella. Estoy segura que alguna de vosotras le pasó también que le dijeron que era una niña y a las semanas era un niño o a la inversa.

Tengo que ser realista y yo siempre si me preguntaban si me gustaría que fuera un niño o una niña, siempre decía una niña, no por nada, simplemente yo me imagine que en un futuro tendría una niña correteando por casa, cosas que a una le dan por pensar. Y si sé que muchas pensareis, eso no es lo más importante, cierto es, obviamente lo principal era que estuviera  sanito, y fuera lo que fuera lo amaríamos de igual modo.

En mi primer embarazo, se  vio clarísimo  desde el principio que era un niño, en el momento que me enteré me alegré  muchísimo  ya que momentos antes creía que lo habíamos perdido, en este post os lo cuento, por lo que la noticia la recibimos felices de emoción.

Pero en el segundo embarazo, yo iba concienciada de un niño, por lo que cuando me dijeron que era una niña fue, en  seriooo uoo , teníamos pensado ya el nombre, y yo mil y una  películas  en mi cabeza, ya  podéis  imaginarme.

Pasaron las semanas y en una ecografía de urgencia por una  caída  tonta por la escalera, recuerdo perfectamente mi cara y la de mi cuñada cuando el doctor dijo, no se preocupe su NIÑO está perfectamente.  ¿Había  dicho,  niño?  Pues sí, esa niña ahora resultaba ser un niño, y aunque lo más importante era que estaba todo correcto, por dentro todo se fue al traste.

Supongo que las hormonas juegan una mala pasada, y en ese momento no sabía cómo gestionarlas, en cuanto salí del hospital, y subí al bus ya sola, rompí a llorar al  teléfono  con mi madre. A mí sólo me venía a la mente que cuando fuera  viejecita, iba a estar sola y que mis hijos no me harían ni caso… si no me  digáis  porque, pero eso es lo que me venía, mis paseos yendo  de compras como hacía yo con mi madre, también se iban al traste, las  confidencias… digamos que lo tenía tan idealizado, que todo me parecía mal.

Por otro lado tenía una lucha pensado  pobre  bebé si supiera todo lo que estoy pensando, diría lo mala madre que soy, pero bueno necesitaba sacarlo todo, y una vez sacado, pues pasó, pensé todas las cosas bonitas que haría con mi hijo, la complicidad que podría tener con su hermano y todas esas cosas positivas que en ese momento no había sabido ver, y en el momento que nació supe que no podía ser más perfecto, y daba gracias por ser mi niño, la persona más dulce, cariñosa, mimosa y  gamberrete  que podía haber tenido.

Hoy puedo decir, que las metas no las pone el sexo del bebé, sino nosotros mismos. Y seguro que nos surgirán mil cosas para hacer juntos en un futuro. Que el cariño y el amor, no lo forma ser una niña, sino lo que nosotros les transmitimos y los valores que les inculcamos.

¿Alguna se ha encontrado en esta situación?